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El Cabildo Colonial

De

Los cabildos coloniales son los padres o abuelos de los Concejos Municipales actuales. Cuando los españoles iniciaron su labor conquistadora y colonizadora, en el siglo XVI, fundaron las primeras ciudades y en un acto solemne (previamente habían construido la plaza mayor, la iglesia y la sede del cabildo) nombraban a sus autoridades del mismo grupo de acompañantes de las expediciones colonizadoras. Este nombramiento lo hacía el jefe de la expedición, o el adelantado. Los cabildos se ocuparían de los asuntos políticos, administrativos y económicos, o lo que es lo mismo, al ayuntamiento colonial le correspondía velar por los intereses comunitarios de las incipientes ciudades.

Sin embargo, estas instituciones no eran autóctonas de España, sino que su origen se remonta a la Roma antigua, en la república plutocrática, en donde existieron unos funcionarios locales llamados Ediles. Posteriormente se formaron corporaciones en toda Europa que se encargaron de los gobiernos municipales y que les sirvieron a los reyes como instrumentos para luchar contra los señores feudales.

En Venezuela, el primer cabildo que se creó fue el de Coro, en 1529. Los cabildos estaban integrados por cierto número de funcionarios que ejecutaban diversos oficios. Los funcionarios más importantes eran los regidores (equivalentes a los concejales de hoy), que controlaban la vida municipal y prácticamente regían o ejercían el gobierno de la ciudad. Su número oscilaba entre cuatro y doce, aunque la ciudad de Caracas llegó a tener dieciséis. Los regidores designaban los primeros de enero de cada año a los alcaldes. En un principio, los cargos de regidores eran electivos y de carácter honorífico, pero después, en 1594 por orden de la corona española comenzaron a ser vendidos en subasta pública teniendo los mayores privilegios para adjudicárselos, los descubridores, los primeros pobladores, y sus descendientes.

Otros cargos importantes eran los de alcaldes (se nombraban dos). La palabra Alcalde es de origen árabe y significa El Juez, por lo que su función primordial era la de administrar justicia en primera instancia en lo civil y criminal, además presidía el cabildo y representaba la primera autoridad municipal. También los alcaldes ordinarios tuvieron la facultad de ejercer el gobierno de la provincia en forma interina cuando el gobernador moría o se ausentaba temporalmente. Los cargos de alcaldes, al igual que los de regidores fueron restringidos a los conquistadores y sus descendientes.

Otros funcionarios fueron: el Alférez Real, quien era el jefe de las milicias del cabildo, llevaba la insignia real en las ceremonias públicas y tenía voz y voto en el ayuntamiento.

El Alguacil Mayor era el policía del cabildo, perseguía los juegos prohibidos y se ocupaba de las detenciones. El fiel ejecutor se encargaba de vigilar los abastos, precios, pesos y medidas, aseo, ornato, etc. El Procurador (síndico actual) era el representante legal del municipio e intervenía en las ventas, composición y repartimiento de tierras y solares. El Escribano (secretario actual) llevaba los libros y acuerdos del cabildo. El Depositario era el guardián de los bienes en litigio. En síntesis podemos decir que las funciones del cabildo se englobaban en tres tipos:

administrativas, jurídicas y políticas. Las primeras se refieren a la administración de los ejidos de la ciudad, repartir tierras y solares a los vecinos, abastecimiento de la población, aseo, ornato, etc. Las políticas comprendían: suplir al Gobernador, llevar las relaciones políticas con la corona, plantear problemas de jurisdicciones, suspender órdenes reales cuando fuesen perjudiciales; y las jurídicas las ejercía el Alcalde como juez de primera instancia. Pero el verdadero papel histórico lo jugó el cabildo como expresión de la autonomía criolla.

Los cabildos se convirtieron con el tiempo en instituciones oligarcas al servicio de los intereses de la clase social de los blancos criollos (terratenientes, mantuanos o descendientes de los conquistadores), con ellos en sus manos mantuvieron en minusvalía a los pardos (mestizos, mulatos, zambos) limitándoles sus derechos; y también sirvieron como instrumento para quitarles a los blancos españoles competencias y poder político, lo que culminó con los acontecimientos del 19 de Abril de 1810. De tal manera que el cabildo perdió su carácter popular y democrático para transformarse en la punta de lanza de los blancos criollos, quienes adquirían los cargos con el poder de su dinero.

Los cargos más importantes del cabildo eran ad honorem, es decir, sin remuneración, por lo que los pardos (gente sin riqueza) no podían ejercerlos sin sueldos, de tal manera que los únicos que podían optar a esos cargos eran los blancos criollos que sí disponían de bienes y riquezas; por lo demás, tampoco podían ocuparlos los que ejercían oficios viles (trabajos manuales, mercaderes, artesanos, etc.). Todo estaba a favor de los blancos criollos y en contra de los pardos.

Fuente de este artículo

Libro Crónicas desde Morón

Este artículo es uno de los capítulos del Libro Crónicas desde Morón, escrito por el Prof. Alexis Coello, cronista del Municipio Juan José Mora.

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